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¿Propósito?, ¿por qué?

Porque despertar cada día solamente para "sobrevivir" no es suficiente. Porque merecemos absoluta plenitud. 

 

Vivimos en una época de logros sin precedentes. Como humanidad tenemos más abundancia, adelantos tecnológicos y opciones que nunca.

Y aun así, la mayoría de personas vive sin sentido, sin plenitud, sin bienestar completo. 

Durante años nos enseñaron a preguntar: ¿Qué debo hacer para tener éxito y ganar mucho dinero?

Pero la pregunta que realmente transforma vidas y crea una versión nueva de éxito es otra: ¿Cuál es el sentido de la vida?

Suena existencialista, pero esa pregunta no debería ser un lujo filosófico. 

Porque cuando sabemos nuestro lugar en el mundo y la razón de nuestra existencia podemos cambiar ese paradigma que nos han inculcado externamente para seguir nuestra verdad auténtica. 

 


 

Propósito no es algo que se encuentra.

Me gusta verlo como algo que se (des)cubre; es decir, algo que ya está en nuestro interior y solamente debemos remover lo que lo cubre.

Propósito no es una epifanía que llega en un retiro o en un momento de inspiración y listo.

Y definitivamente, no debe parecer estar reservado para los afortunados, privilegiados o quienes parecen tener todo resuelto.

El propósito es un camino vivo, dinámico, evolutivo, profundamente tuyo.

Es la práctica diaria de alinear cómo vives con tu esencia auténtica: tus valores, dones, anhelos, y con tus llamados del alma. 

Y esa práctica tiene el poder de transformar el agotamiento en presencia, la confusión en claridad, y el éxito vacío en una vida que realmente quieres y mereces vivir.

 


 

¿Qué pasa cuando (des)cubrimos nuestro propósito?

Cuando logras cultivar una vida alineada con tu propósito pasas de:

ansiedad         →      a  balance

confusión        →      a claridad

ajetreo             →      a armonía

éxito externo   →     a sentido

frustración       →    a realización

miedo             →     a calma

Sientes una profunda sensación de que estás exactamente donde debes estar, mezclada con gratitud, certeza, bienestar y balance interno. Es decir, vives en plenitud. 

 


 

Y el mundo te necesita viviendo plenamente.

No una versión diluida de ti, ni la versión que aprendió a caber en moldes ajenos, ni en agotamiento constante, ni quejándote sin motivación, ni con aburrimiento o apatía.

Porque desde ahí no puedes crear el impacto que anhelas. 

Desde ahí tampoco puedes ofrecer la versión que tus seres queridos merecen. 

Pero cuando te elevas para vivir plenamente, despiertas un fuego imparable para crear el cambio que quieres ver en el mundo. Esa versión ya existe dentro de ti. Solo necesita ser recordada.

 

Me haría muy feliz ver esa versión tuya y el impacto que anhelas crear.

Estoy aquí para acompañarte.

 

A veces pensamos

que el propósito

es un destino,

una escalera,

una utopía,

algo grandioso,

o lejano,

olvidando que

el propósito

es un camino

en espiral, 

guiándonos

amorosamente

a nuestra esencia, 

a nuestra verdadera

naturaleza

y a nuestro Hogar. 

con H mayúscula. 

 

--Carolina Lasso